martes 6 de marzo de 2012
http://www.levante-emv.com/mercantil-valenciano/2012/03/05/fabricantes-colmenas/887111.html?utm_source=rss

El sector valenciano de fabricación de colmenas atiende no sólo a las 1.700 explotaciones apícolas asentadas en la autonomías, sino que también vende sus artículos a otras autonomías productoras de miel, sobre todo Andalucía, Extremadura y parte de Castilla y León.
«Es un negocio cíclico y muy poco rentable en temporadas bajas —lamenta Alejandro Lázaro—porque existen años de gran mortandad de abejas por la falta de lluvias , con lo que la producción cae y los apicultores compran menos colmenas». Estos artilugios de madera o chapa, es último material reduce los costes, se venden por unos veinte o veinticinco euros y empresas como la de Lázaro son capaces de realizar unas 7.000 al año. «En una hora es posible fabricar una caja», explica este artesano que aprendió el oficio de un progenitor, carpintero hasta los 16 años y fabricante de colmenas desde hace cinco décadas al recibir los primeros encargos de apicultores de la zona. «El período de aprendizaje no es largo y es un sector poco mecanizado lo que requiere una vocación artesanal«, explica después de tantos años en el tajo. Metido de lleno en su labor, este fabricante de colmenas ve con cierto optimismo el futuro del negocio porque aumenta el consumo y las empresas del sector implantadas en Valencia se mantienen. También destaca que la paralización de las importaciones de China tras descubrirse restos de antibióticos ha permitido a la industria española mejorar sus explotaciones y mantener los precios. Sin embargo, existe un serio riesgo de saturación: «España tiene casi tantas colmenas como Estados Unidos y el doble que Francia, lo que tampoco permite crecer más a esta actividad empresarial», comenta Alejandro Lázaro.
Madera de abeto ruso
La madera de pino gallego es una de las materias primas más utilizadas por las pequeñas mercantiles, aunque también se usa otras como la de de abeto ruso. Es el caso de Industrias Alsol. Esta firma valenciana, con fábrica en Montserrat y tres décadas de experiencia en el negocio apícola, también vende otras elementos auxiliares para los apicultores. En otras localidad valencianas están implantas hasta una treintena de pequeñas sociedades, en ocasiones autónomos, que amplían el negocio y las ventas de este rincón de la Ribera. En la Comunitat Valenciana, el sector emplea a medio millar de trabajadores, sobre todo en firmas familiares con la excepción de algunas compañías en manos de capital extranjero.
Hasta hace una década, el grueso de la actividad apícola se centraba en la población de Montroi, ya que los colmeneros de esta localidad contaban con 20.000 cajas que producían casi miel toneladas anuales de miel, unos 35 Kg por unidad. Por eso no es de extrañar que casi el 90% de las realizadas en España se producen en la citada población.Cuenta el responsable del apícola de la Unión de Llauradors, Carlos Muñoz, que es necesario «activar un plan de vigilancia en el ámbito europeo, con la participación del sector apícola, para conocer adecuadamente las causas de la mortandad de las abejas». Esta situación potenciaría la actividad de los fabricante de colmenas. Y aboga por prohibir el uso de insecticidas neurotóxicos y de todos los que afectan negativamente a la vida de las abejas. La organización agraria advierte de otro peligro para el futuro del sector, el decreto de la pinyolà, que impide el asentamiento en zonas citrícolas a más del 80 % de las colmenas de la Comunitat. En este sentido, la menta que la Conselleria de Agricultura, año tras año «vuelve a desterrar a la inmensa mayoría de los apicultores».
En España la miel se comercializa para su consumo directo. Las grandes superficies aglutinan el 40% de la cuota de mercado, mientras que los pequeños comercios alcanza el 20%. Hay más de un centenar de marcas registradas, pero tres de ellas dominan dos tercios del mercado.
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Fabricantes de colmenas
Los fabricantes de colmenas -el 90 % está concentrado en La Ribera- mantiene su labor a pesar de la crisis.
La firma familiar de Alejandro Lázaro Joares, con sede en Real, es uno de los principales fabricantes del sector. vicent m. pastor
JOSÉ LUIS ZARAGOZÁ
VALENCIA pesar de que el síndrome de despoblamiento de abejas ha hecho desaparecer un tercio de las colmenas de la Comunitat Valenciana durante el último lustro la industria tradicional de este sector, atomizada en un enjambre de pequeños negocios tradicionales asentados sobre todo en la comarca de La Ribera, se resiste a arrojar la toalla
. Los expertos científicos no se ponen de acuerdo sobre la causas de la muerte de estos insectos —apuntan la sequía como una posible causa— que generan una importante pérdida de producción para unos apicultores que también deben hacer frente desde hace años a la dura competencia exterior por las importaciones masivas de miel, sobre todo de Argentina. La industria apícola concentra importantes áreas de producción en varias localidades de La Ribera Alta. La fábrica de colmenas de Alejandro Lázaro Joares, con sede en Real, es una de las firmas más antiguas de España que mantiene su actividad tras resistir a los vaivenes económicos. Fundada en 1962 por su padre, Vicente Lázaro Martínez , y otros socios, ahora ya jubilados, ha sido capaz de pasar la gestión a la segunda generación.VALENCIA pesar de que el síndrome de despoblamiento de abejas ha hecho desaparecer un tercio de las colmenas de la Comunitat Valenciana durante el último lustro la industria tradicional de este sector, atomizada en un enjambre de pequeños negocios tradicionales asentados sobre todo en la comarca de La Ribera, se resiste a arrojar la toalla
El sector valenciano de fabricación de colmenas atiende no sólo a las 1.700 explotaciones apícolas asentadas en la autonomías, sino que también vende sus artículos a otras autonomías productoras de miel, sobre todo Andalucía, Extremadura y parte de Castilla y León.
«Es un negocio cíclico y muy poco rentable en temporadas bajas —lamenta Alejandro Lázaro—porque existen años de gran mortandad de abejas por la falta de lluvias , con lo que la producción cae y los apicultores compran menos colmenas». Estos artilugios de madera o chapa, es último material reduce los costes, se venden por unos veinte o veinticinco euros y empresas como la de Lázaro son capaces de realizar unas 7.000 al año. «En una hora es posible fabricar una caja», explica este artesano que aprendió el oficio de un progenitor, carpintero hasta los 16 años y fabricante de colmenas desde hace cinco décadas al recibir los primeros encargos de apicultores de la zona. «El período de aprendizaje no es largo y es un sector poco mecanizado lo que requiere una vocación artesanal«, explica después de tantos años en el tajo. Metido de lleno en su labor, este fabricante de colmenas ve con cierto optimismo el futuro del negocio porque aumenta el consumo y las empresas del sector implantadas en Valencia se mantienen. También destaca que la paralización de las importaciones de China tras descubrirse restos de antibióticos ha permitido a la industria española mejorar sus explotaciones y mantener los precios. Sin embargo, existe un serio riesgo de saturación: «España tiene casi tantas colmenas como Estados Unidos y el doble que Francia, lo que tampoco permite crecer más a esta actividad empresarial», comenta Alejandro Lázaro.
Madera de abeto ruso
La madera de pino gallego es una de las materias primas más utilizadas por las pequeñas mercantiles, aunque también se usa otras como la de de abeto ruso. Es el caso de Industrias Alsol. Esta firma valenciana, con fábrica en Montserrat y tres décadas de experiencia en el negocio apícola, también vende otras elementos auxiliares para los apicultores. En otras localidad valencianas están implantas hasta una treintena de pequeñas sociedades, en ocasiones autónomos, que amplían el negocio y las ventas de este rincón de la Ribera. En la Comunitat Valenciana, el sector emplea a medio millar de trabajadores, sobre todo en firmas familiares con la excepción de algunas compañías en manos de capital extranjero.
Hasta hace una década, el grueso de la actividad apícola se centraba en la población de Montroi, ya que los colmeneros de esta localidad contaban con 20.000 cajas que producían casi miel toneladas anuales de miel, unos 35 Kg por unidad. Por eso no es de extrañar que casi el 90% de las realizadas en España se producen en la citada población.Cuenta el responsable del apícola de la Unión de Llauradors, Carlos Muñoz, que es necesario «activar un plan de vigilancia en el ámbito europeo, con la participación del sector apícola, para conocer adecuadamente las causas de la mortandad de las abejas». Esta situación potenciaría la actividad de los fabricante de colmenas. Y aboga por prohibir el uso de insecticidas neurotóxicos y de todos los que afectan negativamente a la vida de las abejas. La organización agraria advierte de otro peligro para el futuro del sector, el decreto de la pinyolà, que impide el asentamiento en zonas citrícolas a más del 80 % de las colmenas de la Comunitat. En este sentido, la menta que la Conselleria de Agricultura, año tras año «vuelve a desterrar a la inmensa mayoría de los apicultores».
En España la miel se comercializa para su consumo directo. Las grandes superficies aglutinan el 40% de la cuota de mercado, mientras que los pequeños comercios alcanza el 20%. Hay más de un centenar de marcas registradas, pero tres de ellas dominan dos tercios del mercado.
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