sábado 6 de abril de 2013
http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2013/04/05/medio-siglo-observando-abejas/612955.html

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España. Ibiza. Medio siglo observando a las abejas
´Paco Lloses´, con cien colmenas, es uno de los pocos apicultores de la isla que además de la miel aprovecha la cera, el polen y el própolis
05.04.2013 | 13:37
Medio ambiente. El apicultor Francisco Clapés lleva 49 años aprovechando los productos naturales que procuran las abejas. Actualmente se encarga de unas cien colmenas que tiene en seis parcelas de bosque distintas y conoce la idiosincrasia de estos insectos y los trucos para hacerlas producir. Es muy crítico con las fumigaciones aéreas que suele hacer el Govern en la lucha contra las plagas de los bosques.
PEP RIBAS | IBIZA Francisco Clapés Juan, Paco Lloses, es un vecino de Jesús de 59 años que desde que tenía 10 se dedica a la apicultura. Lleva medio siglo observando las abejas, una comunidad de la que conoce todos sus secretos, su forma de vida, su psicología social y la forma de aprovechar los bienes que producen para el hombre.
Su conocimiento de estos insectos hace que pueda tratarlos con familiaridad y acude a las colmenas sin ningún temor a las picaduras. En este aspecto, asegura que con el tiempo su cuerpo ha adquirido una cierta inmunidad. «Cuando era un niño, al picarme una abeja se me hinchaba todo el brazo. Ahora en cambio, me produce un leve escozor que al poco rato ha desaparecido», comenta.
Paco Lloses es un ibicenco polifacético. Su afición a la apicultura no es su única ocupación relacionada con el medio natural, ya que también cultiva frutas y hortalizas en un huerto familiar, donde se permite incluso hacer experimentos con cultivos poco extendidos en la isla como son las fresas y los fresones.
Su contacto continuo con la naturaleza ha moldeado su personalidad. Se muestra convencido de que los árboles y las personas tienen mucho en común y lo explica con estas palabras, que ponen en evidencia su peculiar sentido del humor: «Casi lo único que nos diferencia de los árboles es que nosotros podemos andar. Y también que un árbol joven si está retorcido o deforme, atándolo a un palo se endereza; en cambio un hombre, si es retorcido, no hay palo que lo ponga recto».
Paco Lloses tiene actualmente un centenar de colmenas, en seis parcelas forestales distintas. No solo es uno de los apicultores de la isla con una mayor cabaña, sino también uno de los pocos que aprovechan todos los productos de la abejas: miel, cera, polen y própolis. Asegura que una colmena en plena actividad y con todo su ganado en buen estado de salud tiene unas 75.000 abejas.
La miel que se produce en la isla es de gran calidad, pero con la reducción que ha experimentado en los últimos años la cabaña apícola ha disminuido también el volumen de recolección anual.
Lloses señala que en anteriores etapas, unas 80 colmenas llegaron a dejarle 2.000 kilogramos de miel en un año, mientras que en la última campaña sus cien colmenas le han producido menos de doscientos kilogramos.
El experto matiza las recientes declaraciones de la doctora Marzia Boi en Ibiza, en las que recomendaba la prohibición en la isla del uso de sustancias tóxicas en agricultura como una medida para preservar las abejas. Lloses mantiene que la incidencia en la desaparición de abejas que se ha notado en la isla en las últimas décadas se debe a la acción del hombre, pero no en campañas agrarias, sino en las fumigaciones aéreas que se han llevado a cabo a instancias del Govern en la lucha contra las plagas en los bosques.
«Dicen que el producto que se utiliza es inocuo para el medio ambiente, pero esto es falso», afirma el apicultor, que además asegura que se han llevado a cabo fumigaciones sin tener en cuenta las propias normativas del Govern sobre la intensidad o dirección del viento.
La cera virgen
La cera es otro de los productos de las abejas que Lloses aprovecha, al contrario de lo que ocurre con la mayoría de los apicultores, que después de recoger la miel, desechan este producto procedente de los panales. «Es lógico que se tire –comenta–, ya que si tienes unas pocas colmenas la producción es muy escasa y no vale la pena guardarla». No obstante, explica que se trata de un producto muy valioso y cotizado para algunos usos.
La cera es otro de los productos de las abejas que Lloses aprovecha, al contrario de lo que ocurre con la mayoría de los apicultores, que después de recoger la miel, desechan este producto procedente de los panales. «Es lógico que se tire –comenta–, ya que si tienes unas pocas colmenas la producción es muy escasa y no vale la pena guardarla». No obstante, explica que se trata de un producto muy valioso y cotizado para algunos usos.
Señala que la cera virgen es una sustancia que las abejas producen por sudoración. Les sale por las juntas del abdomen y con ella van haciendo pequeñas partículas con las que fabrican el panal en el que almacenarán la miel. No obstante, su producción no es continuada y dejan de hacerla durante alguna temporada, por motivos aún desconocidos. «Lo que está claro –apunta– es que para que estos insectos produzcan cera, deben encontrar alimento en el campo».
La cera es un abrillantador natural que se utiliza en muebles, automóviles o incluso en construcción naval. Lloses comenta que durante un tiempo era imposible encontrarla en el mercado, porque los israelíes se habían hecho con toda la producción para encerar una partida de barcos de guerra.
Añade que toda la cera que se produce en Ibiza destinada a la comercialización se vende fuera de la isla, almacenada en barras, y su producción total oscila entre los 200 y los 300 kilogramos al año.
Polen y própolis
Buena parte de la que producen sus colmenas la manda a una cooperativa de Alicante para que se la conviertan en láminas con las cedillas de futuros panales ya marcadas. Se colocan en las colmenas y servirán para que las abejas se encuentren ya hecha la base del panal, que van a culminar con su propio trabajo, con lo que resultará más productivo.
Buena parte de la que producen sus colmenas la manda a una cooperativa de Alicante para que se la conviertan en láminas con las cedillas de futuros panales ya marcadas. Se colocan en las colmenas y servirán para que las abejas se encuentren ya hecha la base del panal, que van a culminar con su propio trabajo, con lo que resultará más productivo.
El polen es otro de los productos apícolas que se comercializan para el consumo humano. Procede de las flores de las plantas, desde donde lo recogen las abejas con las patas. Para recolectarlo se utiliza un cazapolen, que es una especie de filtro que se instala en las colmenas, con muchos agujeritos por los que entran las abejas y con el roce, el polen se cae en un compartimento en el que se va almacenando.
Paco Lloses asegura que en Ibiza existe un polen de muy buena calidad y que se podría obtener mucho más del que se recoge, pero son muy pocos los apicultores que lo hacen. Incluso el no recogerlo suele convertirse en un problema, dado que su presencia en exceso bloquea las colmenas y dificulta la actividad de las abejas. El que se produce en la isla tiene salida en el mercado insular.
Finalmente, el último de los productos de la abeja es el própolis, una sustancia a la que Lloses le concede un gran valor. «El própolis –asegura– es el mejor antibiótico natural que se conoce y son muchas las personas que lo compran para usarlo como medicamento. Lo usan para los catarros de garganta, para curar heridas, como masaje y también para el dolor de muelas. Ojo, para los eccemas no sirve».
Explica que las abejas lo obtienen de resinas de los árboles y lo procesan en sus colmenas. «Ellas lo usan como desinfectante y a veces, para embalsamar el cadáver de algún animalito intruso que se mete en las colmenas y que, por su tamaño, no lo pueden sacar. La producción de esta sustancia es muy limitada y la demanda siempre supera a la oferta.
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