domingo, 23 de junio de 2013

España. Espacios naturales; abejas vs biodiversidad

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Bandera España

España. Ganado con alas

23.06.2013 | 00:00
Ganado con alas
Los espacios naturales tienen sus propios polinizadores
La apicultura es una actividad con gran tradición en los pueblos de montaña de la cordillera Cantábrica, para los que la producción de miel constituye sin duda un recurso de gran importancia. Sin embargo, su utilidad como herramienta de conservación de los ecosistemas naturales está aún por demostrar. En espacios naturales, las abejas domésticas pueden competir con los polinizadores silvestres y afectar negativamente a sus poblaciones.

Desde hace miles de años, el hombre ha criado abejas para obtener miel, cera y otros productos elaborados por estos insectos. De hecho, el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua incluye al «conjunto de abejas que hay en una colmena» como una de las acepciones de la palabra ganado. A finales del siglo pasado, la globalización favoreció el trasiego de diferentes variedades de abeja de la miel y su introducción en países donde esta especie no vivía de manera natural. Con las abejas se trasladaron también algunas de sus enfermedades, lo que provocó la casi desaparición de la especie en muchas zonas en las que estaba presente de modo natural. El desarrollo de la agricultura intensiva y el uso de pesticidas se sumaron al efecto de las enfermedades, provocando un declive generalizado de las poblaciones de polinizadores en las grandes zonas de cultivo de todos los continentes. El proceso ha sido bautizado por los científicos como la crisis de los polinizadores.

Muchas de las plantas cultivadas por el hombre dependen de las abejas para producir frutos y semillas. Así, para paliar el problema derivado del declive de los polinizadores naturales, los agricultores comenzaron a instalar colmenas artificiales en las proximidades de los cultivos durante la época de floración. Científicos y apicultores han empezado también a reclamar la prohibición de utilizar algunos tipos de pesticidas cuyo efecto negativo sobre los polinizadores está demostrado. Como medida para recuperar las poblaciones de polinizadores naturales, se ha propuesto, además, la restauración de áreas de vegetación natural intercaladas con los cultivos.

En los últimos años, los medios de comunicación han difundido la idea de que los pesticidas y la pérdida de hábitats que afectan a las explotaciones apícolas y a las grandes áreas de cultivo en todo el mundo están afectando también a los ecosistemas naturales de las montañas cantábricas. No obstante, en estas montañas nunca se han utilizado pesticidas y los hábitats naturales o seminaturales son frecuentes. Aunque la población silvestre de abejas de la miel pueda haberse visto afectada por las enfermedades dispersadas a través de las explotaciones apícolas, existen muchas otras especies de polinizadores. Por poner un ejemplo, una tesis doctoral presentada en la Universidad de Oviedo hace unos meses señala la existencia de 24 especies de abejorros. En definitiva, las características y circunstancias de la cordillera Cantábrica son muy distintas de las de las zonas cultivadas.

Sin embargo, el Fondo Asturiano para la Protección de los Animales Salvajes ha utilizado esta idea para poner en marcha un proyecto consistente en aplicar en estas montañas las mismas técnicas que se utilizan para polinizar grandes campos de cultivo. El FAPAS ha contado con financiación de la Fundación Biodiversidad y la Fundación Banco de Santander, y asume que los patrones naturales de polinización de la cordillera Cantábrica han dejado de funcionar y que las poblaciones silvestres de abeja de la miel han desaparecido. Disponen de grupos de colmenas que desplazan por las zonas de montaña, incluso en áreas muy alejadas de los pueblos. De este modo, cientos de miles de abejas domésticas extraen grandes cantidades de néctar de las flores de estos parajes. Resulta difícil entender cómo esta invasión puede ayudar a conservar las poblaciones de abejas silvestres o el resto de las especies que se alimentan de néctar (abejorros, moscas o mariposas). La idea de incrementar la producción de frutos de manera artificial tampoco parece razonable en unos espacios en los que el objetivo es conservar los procesos naturales, un objetivo muy diferente al de las explotaciones agrícolas.

La miel es un alimento de gran interés, pero hay que tener en cuenta que para producirla es necesario extraer recursos de las zonas en las que se ubican las colmenas. Se trata de una forma más de ganadería. La utilización de las abejas domésticas con otros fines debería estar sujeta a una evaluación previa. Si el objetivo es conservar la biodiversidad, la idea de introducir competidores domésticos en ambientes naturales parece contradictoria.

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