martes, 5 de agosto de 2014

Cuba. Diversificación, gran potencial de la apicultura cubana

martes 5 de agosto de 2014
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Bandera de Cuba
Diversificación, gran potencial de la apicultura cubanaPDFPrintE-mail
  
Por Roberto Salomón *
Productos de la apicultura cubanaLa Habana. (PL) La diversificación de sus productos constituye un alto potencial de la apicultura cubana, para canalizar ingresos al país por concepto de exportaciones, según autoridades de esta rama.
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En efecto, auque esta isla no figura entre los principales suministradores de miel de abeja en el mundo, la calidad de los productos que logra, en gran medida por su privilegiada flora melífera- determinan su alta aceptación y demanda en el mercado internacional.

Se trabaja para disponer de no menos de 200 mil colmenas- hay unas 165 mil actualmente- y alcanzar mayor valor agregado de los productos de este tradicional fondo exportable del archipiélago.

El país aspira a acopiar este año siete mil 800 toneladas de miel de abeja, cifra superior en cerca de 30 por ciento a la lograda el año anterior. La meta es posible de cumplir si se considera que sobrepasaron lo programado para el primer semestre en 16 por ciento, precisó a Prensa Latina la directora general de la Empresa Apícola Cubana (Apicuba), Yoandra Valle.

Esta entidad ejecuta un plan de desarrollo en virtud del cual se aspira a alcanzar entre 2017 y 2020, la producción de 10 mil y 10 mil 200 toneladas de miel de abeja, que constituyen los record de esa actividad productiva en los años 1982-83 y el horizonte más cercano por el cual se trabaja.

Apicuba prevé, además, comercializar desde el actual mes de agosto nuevos productos, a partir de mezclas de miel con polen y jalea, y también con propóleo.

En opinión del director del Grupo Empresarial de Montaña del Ministerio de Agricultura, Miguel Angel Arregui, la aplicación del enfoque de cadena de valor agregado permitió constatar que aunque Cuba produjese al máximo de sus posibilidades, con los mejores rendimientos por colmena y estándares mundiales, no podría competir aún en términos de cuota de mercado, con otros muchos rivales.

Sin embargo, argumenta, existen potencialidades para incrementar el valor agregado de los frutos de las colmenas, mediante el aumento de su calidad, comercializarlos en disímiles formatos y aprovechar los productos y servicios secundarios.

Por ello, no es fortuito que la diversificación de la amplia gama de ofertas que permite la apicultura sea uno de los propósitos esenciales, destinados a acrecentar los aportes de esa rama a los ingresos de divisas, en concordancia con los lineamientos del proceso de actualización del modelo económico de la nación.

Ello es parte sustancial del programa de desarrollo apícola, que incluye el perfeccionamiento del proceso de valuación de las colmenas en los apiarios, el mejoramiento de las abejas, aprovechamiento mayor de la flora melífera y poner en producción 60 mil colmenas y contar con no menos de 192 mil abejas reinas.

De acuerdo con el director del Centro de Investigaciones Apícola (Ciapi), Adolfo Pérez Piñeiro, ese plan -con proyecciones hasta 2020 y 2030- comprende también la selección de las abejas más sanas y de alta calidad.

Asimismo, dedicar unos tres millones de dólares a favorecer la infraestructura de la rama, lo cual considera entre las principales acciones, construir plantas de beneficio, la instalación de nuevas líneas de envasado y elevar la capacitación.

También, el diseño de la especialidad de apicultura e incorporar más de 20 embarcaciones, a fin de utilizarlas en los manglares para aumentar el aprovechamiento de la flora melífera y el establecimiento de modernas salas de extracción de miel.

Tanto Valle, como Arregui y Pérez Piñeiro presidieron el V Congreso Cubano de Apicultura, efectuado recientemente en el capitalino Palacio de Convenciones y el cual contó con la participación de más de un centenar de expertos, productores e investigadores de unos 20 países, entre ellos Canadá, Estados Unidos, México, España, Argentina y Panamá.

El director del Ciapi y también presidente del Comité Organizador de ese foro, dijo que esa alta concurrencia de especialistas extranjeros permitió sopesar el interés por la apicultura cubana de los principales productores de este rubro en el mundo, lo que representa un reconocimiento para la isla.

Aseguró que se evidenció el interés en profundizar en determinados campos de la investigación, como la flora melífera, y en que los nuevos productos en desarrollo lleguen a la población a través del sistema de salud.

El Congreso -sostuvo- confirmó el sentido en que estamos trabajando y sentó un punto de partida hacia el futuro.

En él se trató una amplia gama de temas, desde la genética, selección de abejas, manejo de colmenas en nutrición, salud y asociativismo, hasta la diversificación y el máximo aprovechamiento de las potencialidades productivas.

A juicio del presidente del Comité Organizador, este evento es un foro abierto que desde hace una década posibilita el intercambio de experiencias entre los apicultores cubanos, los investigadores, profesionales y sus homólogos de otros países que se desenvuelven en este campo.

Las abejas, 250 años con los cubanos

De acuerdo con Pérez Piñeiro, la primeras noticias del interés por introducir las abejas en Cuba datan del 7 de Diciembre de 1543 cuando el Príncipe Joan de Sémano ordena la introducción de esa especie en La Española, Sant Joan y Cuba ante la escasez de cera y miel.

No obstante, se sabe que no fue hasta 1764 cuando las abejas fueron traídas a esta isla procedentes de La Florida, al regreso de los colonos que huyeron luego de la toma de La Habana por los ingleses en 1763.

El impacto de las abejas en Cuba -refiere- fue descrito por Don José de Villalón y Hechevarría en su Manual del Apicultor, de 1767, de esta manera:

"... Su fecundidad fue tan grande, que cada colmena daba al mes un enjambre y á veces dos; todos los meses eran castradas, produciendo cada castrazón tanta cera y miel como las que se hacen en Europa cada año, y la cera era blanquísima...¿.

Más tarde, a partir de 1770 Cuba se convierte en exportador de cera, al enviar al exterior por el puerto de La Habana, cinco arrobas de ese rubro.

Pocos años después logra exportar 12 mil 550 arrobas de cera, luego de alumbrase todas las casas con ella y de consumirse mucha en las iglesias de entonces.

Esa fue la razón de la importancia que tuvo introducir las abejas en Cuba, pues no había cera, por lo cual era necesario importarla de España.

Tampoco la había en el continente, pues las abejas melíferas eran euroasiáticas. Cuba se convierte entonces en exportador de cera para la región, al producir un equivalente a dos mil toneladas, que dirigía hacia México y América del Sur.

La aparición de la industria azucarera y la generación de electricidad redujeron la apicultura cubana a un nivel insignificante hasta los primeros años de la década de 1960, en que el Instituto Nacional de Reforma Agraria organizó su producción estatal.

Se fomentaron brigadas apícolas de producción y el crecimiento del parque de colmenas, el cual ascendió a unas 200 mil en los años 80, lo que permitió alcanzar los record productivos de 1982 y 1983 y un notable nivel de diversificación.

El advenimiento del llamado período especial, resultado de la crisis que sobrevino en el país tras la caída del socialismo en Europa del Este y la desaparición de la Unión Soviética, representaron un duro golpe para esta rama, ahora en plena recuperación y auge.


* Periodista de la redacción Económica de Prensa Latina

rc/rs

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