Esta técnica permite aumentar la aceptación de las celdas reales y lograr el desarrollo previo al ingreso a la invernada.
En nuestro país los apicultores multiplican sus colmenas a fin de temporada con el objetivo de poder recuperar las pérdidas sufridas durante toda la campaña.
Sin embargo, muchos ensayos y las experiencias de campo realizadas por los productores apícolas a lo largo de los años muestran un resultado no previsible, debido a que en varias ocasiones las colmenas se encuentran instaladas en zonas donde el aporte de polen de fin de temporada es escaso, existe presencia de elevadas cargas de Varroa en etapa forética y  mal manejo por parte de los productores. Todo esto lleva a perdidas invernales importantes de colonias debido a que las nuevas unidades no poseen un desarrollo adecuado (poblacional y de cría), para pasar el periodo invernal.
A continuación, El Apicultor presenta un trabajo realizado por los especialistas Pablo Chipulina, Alfonso Lorenzo, Abel Gómez, Gladys Schaab y Emilio Figgini con un productor de la Cooperativa Apícola La Misky Shumaj de General Pinedo en la provincia del Chaco, cuyos objetivos principales fueron validar una técnica de multiplicación de colmenas a final de temporada con la utilización de celdas reales para ambientes subtropicales con estación seca y Lograr el máximo aprovechamiento de la abeja una vez realizada la cosecha.
En la zona la actividad productiva es agrícola donde los principales cultivos son soja, algodón, sorgo y girasol. Sin embargo los campos se encuentran delimitados con alambrados donde conservan isletas de monte nativo, las cuales han sido explotadas forestalmente, pero aun se pueden encontrar especies de alto valor para la producción apícola como el garabato, algarrobo negro, itin, quebracho santiagueño y negro. Las reservas de agua son escasas (brindadas por el cardo de hoja ancha) y las artificiales también, lo que resulta un factor limitante para la actividad apícola.
La apicultura en la zona se caracterizó por la presencia de pequeños y medianos productores con escasa implementación de prácticas de manejo en las colmenas.
La experiencia
A partir del año 2011 se inicio a trabajar en la cooperativa antes mencionada, el Instituto Nacional de Tecnología Agrícola INTA, Ministerio de Producción de la Provincia del Chaco junto al Programa PRODEAR, esto permitió crecer en número de colmenas de 1010 a 3430 en dos campañas, crear un fondo rotatorio de insumos compuesto por 600 bolsas de azúcar, 280 tambores para miel, 3000 dosis de acaricidas y un fondo rotatorio de material inerte. Sin embargo los rendimientos promedios fueron de 20 kilos de miel por colmena por año (donde se dieron  años de 10 kilos y otros de 45).
Las técnicas de multiplicación se caracterizaron por realizarse en la primavera, con celdas reales mediante el uso de nucleros o cámaras de cría. Esto principalmente debido a la necesidad de los productores de cumplir con los planes de negocios presentados a las instituciones. Si bien el número de colmenas aumento en los últimos años se pudo observar que aquellas colmenas que fueron nucleadas en la primavera tenían una escasa producción y aquellos productores que no realizaban dichas prácticas superaban los promedios de la zona.
Por esto, surge la necesidad de validar una técnica de división de colmenas de fin de temporada con la utilización de celdas reales, lo que permite a los productores desarrollar las nuevas unidades, con escaso costo y para aprovechar la floración de primavera del monte.
En un apiario emplazado en una isleta de monte natural rodeado de cultivo de soja, compuesto por 34 colmenas se buscó la reina en el cajón viejo y se la colocó en una nueva cámara de cría con todos los cuadros con cría, miel y cera estampada, a excepción de dos cuadros con cría operculada y uno con miel que quedaron en la cámara vieja junto a uno de cera estampada. Esta última se orientó con la piquera en sentido inverso y sobre ella se colocó la cámara de cría nueva con la piquera hacia el frente, en ambas se colocó un cuarto litro de  de jarabe de sacarosa en el alimentador tipo Doolitle. Al comenzar  el pecoreo las abejas adultas regresan a la cámara y buscan entrar por el frente en la parte inferior (donde se encontraba la piquera original), al no poder hacerlo,  se adhieren a la cámara de cría y empiezan a caminar hacia la parte superior donde ingresan en la nueva cámara de cría, donde se encuentra la reina (al ser la madre de la colonia, las pecoreadoras siguen trabajando normalmente). Mientras tanto el cajón viejo que se encuentra en la parte inferior queda compuesto solamente por abejas nodrizas, lo que permite una mejor aceptación de celdas reales y/o reinas fecundadas.
Es fundamental para lograr el éxito de dicha técnica durante la confección tener especial cuidado en que el material inerte no posea roturas que permitan el ingreso de abejas por otro sector que no sea la piquera.
La cámara de cría que se coloca sobre la parte superior debe quedar cubriendo el techo de la inferior, sin estar desplazada hacia adelante, lo que permite que las abejas ingresen en la parte superior, caso contrario se formara una bocha de abejas. A las 24 horas se baja el cajón y se coloca la celda real en la cámara huérfana, a los tres días se realiza control de nacimiento, a los 18 días se realiza control de fecundación y se agrega jarabe de sacarosa cada siete días con un cuadro de cera estampada si es necesario.
El desarrollo se midió a los 45 días: 7-8 cuadros la colonia madre, 5 a 6 cuadros en la división y la fecundación fue del 91 por ciento (se lograron 31 nuevas unidades).
Podemos inferir que esta técnica nos permite aumentar la aceptación de las celdas reales y lograr el desarrollo previo al ingreso a la invernada, que por poseer la zona un clima templado  durante el invierno permite al productor continuar desarrollando al inicio de la nueva campaña las nuevas colonias con jarabe de azúcar, lo que permite que en el término de 30 a 40 días completen la cámara.
¿Por qué al finalizar la cosecha?
Cada vez con más frecuencia, los núcleos o paquetes hechos en primavera tienen menos posibilidades de transformarse en colmenas productoras de miel durante la misma temporada en que se confeccionaron. Es decir, que un núcleo o paquete hecho en Octubre o Noviembre, muy probablemente no tenga suficientes ciclos de cría para generar una población con tal cantidad de pecoreadoras que pueda aprovechar una mielada.
De nada sirve llegar a la mielada con colmenas en crecimiento que tienen poblaciones medianas, ya que este tipo de familias tiene una mayoría de abejas de interior y les faltan pecoreadoras, por lo que a pesar de lo excepcional que pueda llegar a ser la mielada nuestras colmenas en desarrollo no podrán sacar provecho de ella.
Normalmente se considera que una población de 10.000 abejas (aproximadamente 1 kg. Equivalente a las abejas adheridas a unos 4 cuadros) precisa 84 días (cuatro generaciones de cría de obrera) para transformarse en una colmena productiva. Si un núcleo se prepara a mediados Octubre, durante la primera semana de Enero habrá alcanzado este nivel poblacional, pero tengamos en cuenta que para esa fecha la mielada generalmente se encuentra en pleno desarrollo e incluso en algunas zonas llegando a su fin.
Por tal fin es sumamente importante comenzar a adoptar un criterio de manejo que establezca realizar núcleos de fin de temporada o núcleos tardíos, a partir de colmenas que ya fueron cosechadas después de los últimos flujos nectaríferos. Esta modalidad de los núcleos son mal llamados “tardíos”  y muchos apicultores consideran que deberían llamarse super-tempranos, porque se anticipan seis meses a la próxima temporada y sumada al cambio de reinas en colmenas a fin del verano son aristas claves para comenzar a pensar en una buena cosecha.