viernes 10 de febrero de 2017

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El fraude chino
Mientras la mayoría de los países bajan su producción, China no para de colocar sus productos en el mercado desplazando a los demás, principalmente por su precio, mucho más bajo en comparación.
En España los costos de producción van desde los 2,40 euros el kilo a más de cinco euros, según el tipo, mientras que el producto chino llega a territorio español con precios que rondan 1,40 euros el kilo.
Eso ha llevado a la industria a prácticamente paralizar sus compras de miel española, generando enormes complicaciones para los productores.
Estos números sin dudas abren un enorme manto de sospecha, porque aún teniendo en cuenta los salarios menores, es imposible para los chinos vender miel pura de abeja, y mucho menos que se ajuste a los estándares españoles, a ese precio.
“Entendemos que una parte de la miel procedente de China no cumple los estándares de calidad y seguridad alimentaria por el uso de antibióticos e insecticidas prohibidos en la Unión Europea, lo que supone ya una competencia desleal”, afirmó públicamente Ángel Díaz, responsable del sector apícola de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, y añadió “pero además, porque entendemos que otra parte de lo que se importa como miel en realidad es un jarabe de arroz, sometido posteriormente a un proceso industrial que podemos demostrar”, culminó.
Es una acusación seria, pero el país asiático tiene unos antecedentes preocupantes. En 2013, la policía incautó en la provincia de Chongqing 45 cubos de miel falsa hecha de agua, azúcar, colorante y alumbre de aluminio como clarificante. En Febrero de este año, Dinamarca descubrió cómo una empresa del país había importado miel china que no era tal.
Por último, es importante remarcar que la legislación no ayuda. Mientras algunos países, como Italia, exigen que los distribuidores expliquen el origen del producto que venden país por país, España se conforma (con el beneplácito de Bruselas) con que se indique si las mieles que se venden vienen de dentro o de fuera de la Unión Europea. Para los apicultores ese fue un golpe bajo contra la producción y contra los consumidores, que no saben lo que están adquiriendo. Desde la Administración, por otra parte, se fían del buen hacer de las industrias y de sus controles.
En España los costos de producción van desde los 2,40 euros el kilo a más de cinco euros, según el tipo, mientras que el producto chino llega a territorio español con precios que rondan 1,40 euros el kilo.
Eso ha llevado a la industria a prácticamente paralizar sus compras de miel española, generando enormes complicaciones para los productores.
Estos números sin dudas abren un enorme manto de sospecha, porque aún teniendo en cuenta los salarios menores, es imposible para los chinos vender miel pura de abeja, y mucho menos que se ajuste a los estándares españoles, a ese precio.
“Entendemos que una parte de la miel procedente de China no cumple los estándares de calidad y seguridad alimentaria por el uso de antibióticos e insecticidas prohibidos en la Unión Europea, lo que supone ya una competencia desleal”, afirmó públicamente Ángel Díaz, responsable del sector apícola de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, y añadió “pero además, porque entendemos que otra parte de lo que se importa como miel en realidad es un jarabe de arroz, sometido posteriormente a un proceso industrial que podemos demostrar”, culminó.
Es una acusación seria, pero el país asiático tiene unos antecedentes preocupantes. En 2013, la policía incautó en la provincia de Chongqing 45 cubos de miel falsa hecha de agua, azúcar, colorante y alumbre de aluminio como clarificante. En Febrero de este año, Dinamarca descubrió cómo una empresa del país había importado miel china que no era tal.
Por último, es importante remarcar que la legislación no ayuda. Mientras algunos países, como Italia, exigen que los distribuidores expliquen el origen del producto que venden país por país, España se conforma (con el beneplácito de Bruselas) con que se indique si las mieles que se venden vienen de dentro o de fuera de la Unión Europea. Para los apicultores ese fue un golpe bajo contra la producción y contra los consumidores, que no saben lo que están adquiriendo. Desde la Administración, por otra parte, se fían del buen hacer de las industrias y de sus controles.
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