miércoles 27 de diciembre de 2017
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El día de las Abejas, una apuesta por la seguridad alimentaria
Por Silvia Martínez
Roma, 23 dic (PL) Por sus incomparables aportes como polinizadoras, al desarrollo sostenible y a la batalla que libra hoy el mundo contra el hambre, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) recién decidió dedicar un día del año a homenajear a las abejas.
Roma, 23 dic (PL) Por sus incomparables aportes como polinizadoras, al desarrollo sostenible y a la batalla que libra hoy el mundo contra el hambre, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) recién decidió dedicar un día del año a homenajear a las abejas.
En septiembre de 2016 la vigesimoquinta reunión del Comité de Agricultura de la FAO aprobó la iniciativa de Eslovenia, avalada por 53 países en la Conferencia Regional Europea, de celebrar cada 20 de mayo el Día Mundial de las Abejas, pero la última palabra, correspondía a la máxima instancia de la ONU.
Ese acuerdo, adoptado esta semana, respalda la necesidad de llamar la atención internacional en la urgencia de cuidar y preservar ese valioso insecto, por su apreciable contribución a la seguridad alimentaria del planeta, así como su valor económico y medioambiental.
'Un mundo sin polinizadores sería un mundo sin diversidad de alimentos, y a largo plazo, sin seguridad alimentaria', aseguró el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), José Graziano da Silva, y añadió que 'sin abejas sería imposible alcanzar la meta de un mundo sin hambre'.
La labor de polinización sana, directa, la cual tiene muy en cuenta el acuerdo de ONU, no solo corresponde a las abejas, aunque son las más 'emprendedoras', sino que la realizan también mariposas, escarabajos, pájaros, murciélagos, mosquitos y otros animales, acompañada por otras prácticas agrícolas tradicionales.
Acorde con expertos, una sola abeja melífera visita unas siete mil flores cada día y son necesarios cuatro millones de visitas a flores para producir un kilogramo de miel, lo cual por sí solo explica la laboriosidad de estos insectos.
La tercera parte de los alimentos humanos son polinizados por insectos, fundamentalmente abejas, antófilos considerados los polinizadores por excelencia de las plantas con flores, por lo que se les atribuyen gran valor en la conservación del ecosistema.
Por lo general esos hacendosos animalitos visitan flores de una sola especie por un período de tiempo antes de trasladarse a otras, lo cual beneficia a las plantas que requieren polen de la misma naturaleza para su fecundación.
Unos 20 mil tipos de abejas circundan el mundo, las cuales organizan sus colmenas divididas en castas según sus funciones: obreras, reinas y zánganos.
Lamentablemente, esa armónica y organizada vida desde hace años está seriamente amenazada y millones de abejas mueren cada día, y con ellas -quizás lo peor- también desaparece el eslabón inicial de una enorme cadena alimentaria.
Múltiples son las causas, como enfermedades, parásitos, contaminación, incluso por los efectos del cambio climático, pero los expertos atribuyen como principales motivos las malas prácticas apícolas y agrícolas, como el monocultivo y en particular el uso de insecticidas y semillas transgénicas.
Las principales sustancias depredadores de las abejas son los neonicotinoides, como la imidacloprid, tiametoxam y clotiamidina, usados para el recubrimiento de las semillas antes de ser plantadas.
Al comenzar la germinación y crecer el cultivo, esas toxinas se expanden por toda la planta hasta llegar al polen y el néctar, alimento fundamental de las abejas, por lo que mueren, razón por la cual en muchos países el uso de esos productos esté prohibido.
Por tanto, resulta esencial el cuidado de las abejas, que no debe quedar en un día, ni en un laboratorio, sino convertirse en obra perenne de cada individuo, porque más allá de la miel, cera, jalea real, propóleos y otros de sus valiosos aportes, esos laboriosos insectos son un imprescindible eslabón en la cadena de la existencia humana.
'La extinción de las abejas sería el comienzo del fin para el ser humano', es una frase atribuida a Albert Einstein, pero de no ser así al menos expresa con la genialidad que lo hubiera hecho el eminente físico la importancia de salvar a las abejas para preservar a la especie humana.
rc/smp

Ese acuerdo, adoptado esta semana, respalda la necesidad de llamar la atención internacional en la urgencia de cuidar y preservar ese valioso insecto, por su apreciable contribución a la seguridad alimentaria del planeta, así como su valor económico y medioambiental.
'Un mundo sin polinizadores sería un mundo sin diversidad de alimentos, y a largo plazo, sin seguridad alimentaria', aseguró el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), José Graziano da Silva, y añadió que 'sin abejas sería imposible alcanzar la meta de un mundo sin hambre'.
La labor de polinización sana, directa, la cual tiene muy en cuenta el acuerdo de ONU, no solo corresponde a las abejas, aunque son las más 'emprendedoras', sino que la realizan también mariposas, escarabajos, pájaros, murciélagos, mosquitos y otros animales, acompañada por otras prácticas agrícolas tradicionales.
Acorde con expertos, una sola abeja melífera visita unas siete mil flores cada día y son necesarios cuatro millones de visitas a flores para producir un kilogramo de miel, lo cual por sí solo explica la laboriosidad de estos insectos.
La tercera parte de los alimentos humanos son polinizados por insectos, fundamentalmente abejas, antófilos considerados los polinizadores por excelencia de las plantas con flores, por lo que se les atribuyen gran valor en la conservación del ecosistema.
Por lo general esos hacendosos animalitos visitan flores de una sola especie por un período de tiempo antes de trasladarse a otras, lo cual beneficia a las plantas que requieren polen de la misma naturaleza para su fecundación.
Unos 20 mil tipos de abejas circundan el mundo, las cuales organizan sus colmenas divididas en castas según sus funciones: obreras, reinas y zánganos.
Lamentablemente, esa armónica y organizada vida desde hace años está seriamente amenazada y millones de abejas mueren cada día, y con ellas -quizás lo peor- también desaparece el eslabón inicial de una enorme cadena alimentaria.
Múltiples son las causas, como enfermedades, parásitos, contaminación, incluso por los efectos del cambio climático, pero los expertos atribuyen como principales motivos las malas prácticas apícolas y agrícolas, como el monocultivo y en particular el uso de insecticidas y semillas transgénicas.
Las principales sustancias depredadores de las abejas son los neonicotinoides, como la imidacloprid, tiametoxam y clotiamidina, usados para el recubrimiento de las semillas antes de ser plantadas.
Al comenzar la germinación y crecer el cultivo, esas toxinas se expanden por toda la planta hasta llegar al polen y el néctar, alimento fundamental de las abejas, por lo que mueren, razón por la cual en muchos países el uso de esos productos esté prohibido.
Por tanto, resulta esencial el cuidado de las abejas, que no debe quedar en un día, ni en un laboratorio, sino convertirse en obra perenne de cada individuo, porque más allá de la miel, cera, jalea real, propóleos y otros de sus valiosos aportes, esos laboriosos insectos son un imprescindible eslabón en la cadena de la existencia humana.
'La extinción de las abejas sería el comienzo del fin para el ser humano', es una frase atribuida a Albert Einstein, pero de no ser así al menos expresa con la genialidad que lo hubiera hecho el eminente físico la importancia de salvar a las abejas para preservar a la especie humana.
rc/smp


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