Martes 28 de agosto de 2018
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Esperanza con sabor a miel y cacao
22 Ago 2018 - 9:00 PM
Abejas: del peligro a la vocación
Para Stella Sucre, sus abejas fueron la manera de salvarse. Con ellas se hizo más fuerte, al igual que los 70 apicultores de Tame, Arauca, porque no tuvieron otra opción ante la violencia, “hace nueve años no teníamos para dónde coger ni con qué irnos”. Así que entre diez familias, que sobrevivían diariamente a los paramilitares, armaron una granja en común sobre unos terrenos de la Gobernación. Una finquita en la que sembraron hortalizas, criaron gallinas, dispusieron cultivos de plátano y de yuca. De allí se beneficiaban todos, organizados como asociación.
Se apodaron Asociación Granita y resistieron las disputas de las Farc, el Eln y los otros grupos armados. ¿Cómo? Luchando con la tierra. Resolviendo problemas de riego, de propiedad del terreno donde trabajaban, ocupándose de labrar. Así fue como, descontando el conflicto armado, el mayor problema que padecían eran abejas.
Unos las envenenaban mientras que otros les prendían fuego. La situación era tan descontrolada que, como ya lo habían hecho en el pasado, se reunieron a pensar una solución. “Sabíamos que ellas polinizaban nuestros cultivos y gracias a ello nos ahorrábamos químicos, pero las veíamos como un peligro”, cuenta Sucre, quien a sus 57 años se declara una enamorada de estos animales.
Su amor nació de estudiarlas. Ella, como representante de Granita, se tomó la tarea de observarlas volar por la finca. Detalló sus formas de vida, sus tamaños y la unidad que tienen para trabajar. Luego, tras analizarlas, fue probando las mieles que hacían y entendiendo que la apicultura podía ser el negocio.
Los otros miembros de la asociación atendieron su idea. Pusieron una decena de colmenas en sus pedazos de tierra y se dieron el lujo de soñar. En esa búsqueda tocaron las puertas de la agencia que promociona el desarrollo en la región (Aprodel). Gracias a ellos formularon el proyecto: se convertirían en productores nacionales de miel para el próximo año, aseguran. Claro está, confía Stella, “sin factores externos que nos vayan a atropellar”.
Asimismo, continúan trabajando sus otros cultivos. Porque las abejas, que los hicieron fuertes, hoy robustecen las líneas económicas de la granja. Los otros productos siguen pidiendo atención y fuerza y devolviendo calidad de vida. Esto seguirá pasando porque, para ella, mientras haya trabajo habrá juventud.
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