«¿Por qué esa miel tiene un color más amarillo?», pregunta una mujer dubitativa sobre cuál de los néctares degustar en el stand colocado en la plaza de Abastos para promocionar este producto local mientras un jurado integrado por ocho expertos cata la veintena de propuestas que participan en el Concurso de Mieles de Álava. «En su composición hay algo más de girasol, en torno a un 20 o un 30%», le responde Oliver Gil, apicultor de la Montaña. Cuando la floración es de tomillo, romero o jara, «son más claras» y cuando las abejas acuden al brezo o a otras especies propias de los bosques «más oscuras». Aunque «ninguna es monofloral. Dependiendo de la zona geográfica predominan unas u otras», añade Gil.
El grupo de miembros de la Asociación de Apicultores de Álava que ayer se dio cita en la plaza de Abastos estaba encantado de poder ofrecer explicaciones a quienes se acercaban hasta su pequeño mostrador, en el que los pasteles -con miel, por supuesto- de la Asociación de Confiteros y Pasteleros del territorio volaron. Porque su objetivo no era otro que promocionar este dulce alimento. «Es la primera vez que organizamos el concurso (que lleva 24 ediciones) de cara al público porque queremos dar visibilidad, que se conozca la miel del territorio», explica Arantxa Ortiz, presidenta de un colectivo con más de 430 socios.
Y como quienes se pasaban por allí eran los clientes de los puestos del mercado, más de uno preguntaba si no podía comprar. «No, esto es sólo degustación», se vio obligada a repetir en más de una ocasión Begoña Díaz de la Presa, que concluyó la jornada recogiendo un premio. En concreto, el segundo. El primero recayó en Fernando Díaz Morales, de Antoñana.
La sorpresa para la 'medalla de plata' no debió de ser muy grande porque instantes antes de recibir la noticia, recordaba que, junto a su marido, «llevamos ya once premios». Así que con el de ayer, y el de su consorte, Samuel Etxeberria, que obtuvo el tercero, ya suman trece. «Es sobre todo una satisfacción y te da un poco de fama, que conozcan el producto», admitía con una sonrisa Begoña, antes de advertir de que «nuestra producción es pequeña». La comercialización de su 'Fresnedako Eztia', en Valdegobía, se vende casi entre «familia y conocidos».
Las claves
Preocupación de los productores
«Si no se controla la avispa asiática, acabará con nuestra cabaña apícola»
El colectivo
Más de 430 socios de todo el territorio, integran la Asociación de Apicultores de Álava
La producción en general de la última campaña ha sido «muy escasa porque no llovió», detallaba Arantxa Ortiz. «Los brezos, por ejemplo, tenían flor, pero apenas tenían néctar, así que ha habido poco miel», añadía. A las inclemencias meteorológicas suman los apicultores otra preocupación, la presencia de la avispa asiática. «Para nosotros es una hecatombe si no se controla porque acabará con la cabaña apícola».
La cantidad no está reñida, sin embargo, con la calidad. El jurado lo comprobó al evaluar distintos aspectos. Por un lado la apariencia general (filtrado, color, homogeneidad...), por otro los aromas (al inspirar y retronasales en la degustación), sin olvidar el sabor (los grados de acidez, dulzura o amargor) y la textura en la boca (cremosidad y grado de cristalización).
Consumidores fieles
Los paladares de los consumidores también tuvieron la oportunidad de endulzarse y de comprobar que «está muy buena», como decía el joven Javier, acompañante de su abuela en la mañana de mercado. «A él le encanta», indicaba Floren, recordando las propiedades curativas para algunas afecciones de garganta, por ejemplo, de este producto que «nosotros consumimos en casa desde hace años».
Igual que Begoña y Pedro, que se decantan por la miel de producción alavesa aunque han probado las de otros sitios. Más allá de la calidad hay diferencias como que «la de la zona de Salamanca es más liquida», decía la mujer. «A mí para untar me gusta más la ligera», se unía él a la conversación. Pero la habitual en su casa es la autóctona «y sobre todo la de brezo», coincidían.
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