jueves 7 de mayo de 2026
Composición, propiedades bioactivas y relevancia funcional de la miel de Apis mellifera
La miel acompaña a la humanidad desde tiempos remotos, no solo como alimento, sino también como un recurso con propiedades medicinales ampliamente reconocidas. Los primeros registros de su uso aparecen en tablillas sumerias entre los años 2100 y 2000 a. C., donde se describía como ingrediente terapéutico y como base para ungüentos (1, 2). Las civilizaciones antiguas obtenían este producto directamente de colmenas silvestres, utilizando humo para disminuir la actividad defensiva de las abejas y facilitar la recolección.
Con el tiempo, esta práctica evolucionó hasta consolidarse en la apicultura, una actividad dedicada al manejo y la crianza de abejas que permite obtener miel, jalea real, propóleo, cera y polen. En México, la apicultura tiene raíces profundas en el sector pecuario y constituye un eje económico de relevancia para numerosas comunidades rurales, generando hasta 100 mil empleos directos e indirectos (3)
Figura 1.Ejemplares de Apis mellifera
La miel producida por Apis mellifera continúa siendo la más común en el mundo, aunque recientemente ha aumentado el interés por las mieles de abejas sin aguijón, en particular por sus atributos sensoriales y funcionales. La composición química de la miel depende de múltiples factores, entre ellos las condiciones climáticas, el tipo de suelo, el origen floral, la genética de la colonia y las prácticas de manejo (3-5). Su matriz está dominada por carbohidratos (principalmente fructosa y glucosa), acompañados de agua, enzimas, aminoácidos, ácidos orgánicos, vitaminas, minerales y compuestos fenólicos que aportan actividad antioxidante (6, 7).
Figura 2. Apicultores revisando colmenas en la región del altiplano hidalguense (Apan Hidalgo)
Composi
ción química de la miel
La miel es una matriz compleja cuyo perfil químico depende estrechamente del origen floral, de las condiciones edafoclimáticas, del manejo de la colonia y del estado fisiológico de las abejas. Aunque tradicionalmente se le reconoce como un alimento dulce, su composición incluye una diversidad de moléculas bioactivas que explican sus propiedades nutracéuticas y su relevancia biológica.
Desde un punto de vista composicional, los carbohidratos representan la fracción predominante, con un contenido que oscila entre el 60 % y el 95 % del peso seco. Los monosacáridos —principalmente fructosa (≈38 %) y glucosa (≈31 %)— constituyen la mayor proporción y determinan características como el dulzor, la textura, la tendencia a cristalizar y el aporte energético. Sin embargo, la miel también contiene disacáridos y oligosacáridos en menor proporción, que pueden aumentar a medida que la miel envejece debido a reacciones naturales de degradación y transformación de azúcares simples (8).
Figura 3. Diferentes muestras de miel de Apis mellifera colectadas en Veracruz
Entre los disacáridos más comúnmente identificados se encuentran la maltosa, la sacarosa, la trehalosa e isomaltosa, mientras que los oligosacáridos incluyen moléculas como melecitosa, erlosa, rafinosa y diversos tetrasacáridos y pentasacáridos. La presencia, proporción y variabilidad de estos carbohidratos son indicadores relevantes de autenticidad, calidad y origen botánico. Por ello, los estándares internacionales establecen criterios, como un contenido mínimo de 60 % de fructosa y glucosa y un límite máximo de 5 % de sacarosa, para asegurar que el producto no haya sido adulterado (6, 7)
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