domingo 19 de julio de 2026
El dulce tesoro de los bosques: Melisa y las meliponas

Mientras la industria apícola se enfoca en la abeja europea, el norte de Córdoba protege a las
meliponas, abejas autóctonas sin aguijón que actúan como sensores vitales del ecosistema. En una
alianza entre la academia y el conocimiento rural, se busca rescatar a la «abejita de la miel rosada»,
pieza esencial de la biodiversidad que enfrenta el peligro del desmonte y la desatención del Estado.
La bióloga Melisa Geisa recorre desde hace veinte años el noroeste de la provincia, rastreando estas
especies en aserraderos y montes para asegurar la vida del bosque maduro. Su labor es un esfuerzo
conjunto que combina la ciencia con la tradición campesina, luchando contra el tiempo frente a los
incendios, los agrotóxicos, la crisis climática y la falta de leyes protectoras.
La abeja «quella», el termómetro biológico del monte cordobés
Cuando camine por el monte cordobés o descanse junto a un río, es posible que unas pequeñas abejas
negras y sin aguijón revoloteen a su alrededor, atraídas por su transpiración. Si esto sucede, hay dos
motivos para alegrarse: primero, la ciencia confirma que buscan minerales en el sudor humano; y segundo
―lo más importante―, su presencia masiva es el indicador biológico más fiable de que el bosque nativo
está sano y hay un nido cerca. Es el monte vivo interactuando con usted.
Las abejas meliponas, conocidas como «abejas sin aguijón», son
especies autóctonas que cumplen
un rol vital en la polinización y conservación de la biodiversidad. Un claro ejemplo en Córdoba es
la Plebeia molesta, popularmente llamada «quella» o
«abejita de la miel rosada».
A diferencia de la abeja euroasiática (Apis mellifera), la colmena de quella genera
apenas 250 ml de miel por temporada. Sin embargo, aquí la calidad es soberana: no es
solo un endulzante, sino una síntesis medicinal del bosque.
Lamentablemente, la deforestación, los incendios forestales y los agroquímicos las
tienen bajo seria amenaza. Al anidar exclusivamente en maderas duras o huecos de
árboles maduros, la pérdida de hábitat reduce drásticamente su supervivencia y las
fuerza a buscar refugios precarios en las urbanizaciones.
La calidad distintiva de la miel nativa está ligada a la diversidad del ecosistema. Las
evidencias demuestran que una sola abeja quella puede visitar más de 69 especies de
plantas, abarcando desde hierbas hasta árboles y enredaderas. Esta interacción genera
un círculo virtuoso: un suelo sano propicia una multiplicidad de fuentes de néctar que
dota a la miel de una composición excepcional.
Además de su rol clave como polinizadoras, sus derivados poseen un alto valor
terapéutico. Los ungüentos y cremas elaborados con su producción son utilizados en
la medicina veterinaria regional para curar quemaduras en animales, demostrando
una notable efectividad en la regeneración de tejidos tras los incendios forestales.
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