lunes 20 de abril de 2015
http://www.ideal.es/almeria/201504/20/emprendedor-casi-fuerza-20150419223624-v.html

http://www.ideal.es/almeria/201504/20/emprendedor-casi-fuerza-20150419223624-v.html
ALMERÍA ABIERTA AL MAR
«EMPRENDEDOR CASI A LA FUERZA»
Entre el Levante y Tabernas, dirección a Los Filabres. Por ahí en medio, en Googlemaps posicioné Lubrín. Les había prometido una visita. Pero sabía que necesitaba su tiempo. El de ellos y el mío. Salí de Almería un día de primavera a la hora de la siesta. Y tras el desierto, encontré el oasis. Según me iba adentrando, el verde era el color y la tierra más fértil.
Limoneros. Fincas de almendros. Fincas de olivos. ¡Pero fincas! Cultivos intensivos. Un árbol casi pegado al otro. Olivos de una pata con riego. ¡Dios! Menudas producciones y rentabilidad, pensé. Apagué la radio. Aquel paisaje tenía su propia música y quería escucharla.
Carreteras desiertas. Algún que otro rato tuve que esperar a que pasara otro coche para preguntar si iba en la dirección correcta. Pueblos con luz y dignidad. Riqueza.
El mundo se paró
Y llegué a Lubrín. Fue fácil y agradable. Y tal y como en Fitur me lo habían enseñado. La sensación fue familiar. Me sentía en mi pueblo y era la primera vez que iba. Supongo que algo parecido les habrá pasado a los ingleses que se han afincado allí. Y además, a veinte minutos de la playa.
Ahora, al escribir, es como un sueño. Como si durante un periodo corto de mi vida, una tarde, todo se hubiera parado y por un agujero hubiese entrado en otro espacio-tiempo. Algo así como en los cuentos. Pero era realidad. Al recordar su fortaleza, agradecimiento, acogimiento, unión y solidaridad, me emociono. ¡Existe! Cada uno de mis entrevistados proyectaba felicidad. Estaban contentos y deseosos de contarnos su experiencia, su camino, su día a día.
«De fácil, nada»
Para alguno de ellos o casi para todos no ha sido fácil, pero con «tesón, trabajo, buen hacer y esfuerzo lo hemos conseguido». Y si no, ahí está Eloy y su mujer, Elisa. Y sus migas caseras recién hechas. «No es tan fácil. De fácil, nada». Hace dos años montaron su empresa de precocinados, pero resulta que, cuando fueron a comercializar, tenían el mismo nombre que otra empresa y les pararon todo el negocio. «Hemos estado dos años cambiándolo todo para volver a empezar. Papeleo tras papeleo, registro tras registro. Todo lo que hicimos al principio hemos tenido que tirarlo a la papelera y comenzar de nuevo». Pero a la vez que nos cuenta con cierto grado de cansancio su epopeya burocrática, le vuelve la sonrisa y nos muestra su nueva etiqueta más bonita, más auténtica, más suya. La de sus migas caseras, un producto de día de lluvia almeriense, cocinado con ingredientes muy seleccionados, su harina de trigo y su aceite de oliva. Dieta mediterránea desde Lubrín a las mesas de comedores escolares, residencias de ancianos. «De una crisis, siempre salen oportunidades», sentencia este emprendedor que nos recuerda que están muy lejos del mundo y que «tienes que ser emprendedor casi a la fuerza. Hacer un producto bueno y que le guste a la gente y llevárselo».
¿Picadura afrodisíaca?
Estando, pero sin estar, porque no para, llega José Antonio, el de la miel. El joven apicultor.
El que acompañaba de chico a su abuelo a la sierra a ver las colmenas de corcho y esparto. El que con 10 años le dijo a su abuela que le cosiera una camisa de tela mosquitera para tener su propia colmena. A los 14, ayudaba a su padre. Pero es que con 16, su padre le firmó un préstamo para tener sus 100 primeras colmenas. Y todo lo que ahorró trabajando en una empresa de asfaltos lo invirtió en rica miel. Ahora tiene 1.000 colmenas, su propia envasadora y fundidora de cera. Y no hay abeja que le pique. «Sí me pican». Y le contestan: «Como tienen poderes afrodisíacos». Todos sonríen. Están unidos. Se quieren, profesionalmente hablando y como vecinos-empresarios.
Y no para. Tiene en proyecto, el museo de la miel, vender más al extranjero, maridar su miel con. «Es secreto, no te lo puedo decir aún, pero pruébalo tú misma». Lo probamos y qué buen invento, qué sabor. «La miel absorbe los sabores. Pronto lo veremos en las tiendas y creo que será todo un éxito». Aun así, su miel de limón, almendro, romero, tomillo, espliego, eucaliptus, azahar o albaida está. y es buena para la salud y la belleza. Y nadie duda de su poder energético porque José Antonio no para. «Este fin de semana voy al mercado de Huércal, si quieres me llevo tus migas y las vendo también», le dice a Eloy. Eso, señores, es todos a una.
La Maja, la ilusión de Lubrín
«David, que quería empezar el primero...», comentan. Está a punto de llegar. Mientras, hablamos o, mejor dicho, nos hablan de Anabel. Ella es quien nos ha presentado a su gente. La que nos ha llevado a sus casas. A sus naves. A sus productos. A su ilusión. Y es que esta joven, diplomada en Turismo, es la ilusión de Lubrín. «Yo le llamo la Maja, no le llamo Anabel», dice uno. Y el otro añade: «Ella lo hace todo. Trae a los turistas, a los niños, a los ingleses, a ti.». Y la Maja, tímidamente en palabras, que no en hechos, solo señala: «Es que vivimos en un lugar privilegiado, un remanso de paz, al lado de la playa, con temperaturas mediterráneas, gentes generosas, con historia.». Y una servidora contesta: «Para mí, un placer haber descubierto Lubrín, sus productos, a ustedes, pero sobre todo, esa actitud emprendedora, entusiasta y solidaria».
«Y al que le pique, que se rasque»
Y llega David. Otro joven. Nuevas generaciones. Hijo de almazarero. «Yo he visto toda la vida trabajar a mi padre en la almazara. Antes era antigua con el rulo y la prensa. A él le gustaba llevarme a probar los primeros aceites con una tostada de pan».
David estudió Administración de Empresas y tenía claro que quería trabajar en la firma familiar. Muelen 6 millones de kilos de los aceituneros a cambio de un porcentaje por kilo (maquila) y se lo comercializan. Además, están innovando en línea de ecológico. «Somos una empresa pequeña, pero a fuerza de trabajar mucho la gente nos busca por la calidad y el precio».
David, un enamorado de Lubrín, tiene ahora otro menester. «Ya le he lavado el cerebro a mi novia que es de Almería para que vivamos aquí. Me gusta vivir en el pueblo». Y lo dice con una seguridad tremenda y sonriendo por supuesto porque de ella también se le nota más que enamorado. «Me gusta la gente de Lubrín. Salir a la calle y que la gente te conozca. Claro que puede haber envidias y rumores. Como en todos sitios. Pero yo voy a lo mío. Y al que le pique, que se rasque».
Y con el toque de humor de toda la tarde: «Pues que si hay pique, que sea de abeja».
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