lunes 21 de setiembre de 2026
¿Quién dijo que la apicultura es solo producir miel? Entre La Pampa, Buenos Aires y el valle de Río Negro, Eduardo Casado ofrece servicios de polinización, donde hoy se esconde el verdadero negocio
Nacido en la pequeña localidad pampeana de Doblas, conocida nada menos que como la Capital Nacional de la Apicultura -al punto de tener apiarios hasta en las banquinas-, cuesta pensar que a Eduardo Casado no le haya nacido una pasión por esa actividad. Y él lo recuerda bien: fue a sus cortos seis años, durante su repartija diaria de periódicos a los vecinos, que conoció a un productor con nada menos que 4.000 colmenas, con quien entabló un vínculo muy cercano.
Tal fue la atracción que se encendió en él que para sus 15 años ya tenía 300 colmenas propias. El destino estaba escrito. “En quinto año tenía 60 faltas. Rendía libre porque yo estaba viajando con mis colmenas, haciendo lo que se conoce como apicultura de trashumancia”, confesó en charla con Bichos de Campo.

Mientras sus colegas se abocaban a la producción y fraccionamiento de miel, Casado encontró un hilo mucho más interesante del cual tirar: los servicios de polinización. Estos lo llevaron desde La Pampa hasta el valle de Río Negro, donde comenzó a trabajar con productores frutícolas de ciruela, durazno y pelón, a los que luego sumaron los de pera, manzana e incluso almendras....
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